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Las víctimas del franquismo piden el fin de la impunidad en el Congreso de los Diputados

Desde el Sindicato de Estudiantes, que hace algo más de un año nos personamos en esta querella denunciando los asesinatos de estudiantes como Enrique Ruano, pudimos participar en el acto con el resto de colectivos: un acto histórico, ya que se celebraba en las instalaciones de un Congreso que aún hoy sigue sin condenar el franquismo y sin tomar ni una sola medida para juzgar a quienes fueron protagonistas o cómplices de todas las atrocidades que cometió el régimen contra millones de personas.

Por primera vez en las instalaciones del Congreso de los Diputados se hablaba con claridad de asesinatos, desapariciones, fusilamientos, torturas, largas penas de prisión, juicios sin garantías, robo de niños, maltrato y represión de niños, exilio, trabajos forzados y campos de concentración. Se hacía por boca de quienes lo sufrieron en sus propias carnes y de sus familias. Todos los que tras muchos años de pelea han logrado que, aunque sea a través de la justicia de otro país, la argentina, se empiece a apuntar directamente sobre los nombres y apellidos de algunos de los torturadores y asesinos que hoy siguen impunes gracias al cobijo del Partido Popular.

En el acto pudieron tomar la palabra Ana Messuti, Jacinto Lara y Carlos Slepoy, todos ellos abogados querellantes, que denunciaron la actuación del gobierno del PP y su actitud cómplice para evitar las extradiciones ordenadas por la jueza argentina María Servini. También resaltaron la enorme importancia de la movilización social para haber llegado a este punto y mostraron su firme confianza en que será la movilización la que conseguirá finalmente la justicia para las víctimas. Tal y como resaltó Carlos Slepoy, “Este es el Congreso que votó la ley de amnistía y hay que pensar que este mismo Congreso la derogará. Así pasó en Argentina: el Congreso que aprobó las leyes de punto final y de obediencia debida es el mismo que las anuló”.

Tras las intervenciones de los abogados, tomaron la palabra los representantes de diferentes colectivos y asociaciones de víctimas para dar un relato espeluznante de todas las atrocidades cometidas por la dictadura.

El primero en hablar fue Andoni Txasco, que perdió la práctica totalidad de la visión en uno de sus ojos en los asesinatos de Vitoria del 3 de marzo de 1976: “Ese día me refugié en una de las iglesias, pero los agentes la invadieron. Nosotros nos libramos gracias a que el párroco nos sacó por la sacristía. Dejaron que la iglesia se llenara, la sitiaron, la rodearon, y cargaron. El Estado sigue dando credibilidad hoy a la versión policial de entonces, de que fue una actuación antiterrorista para recuperar el orden, y así negarnos ser acogidos como víctimas del terrorismo. Con el agravante de que hay grabaciones en las que se felicitan y jactan por disparar más de 2.000 tiros, de haber provocado una masacre, son reiterativas sus referencias a esa palabra, masacre. Y terminan diciendo: 'buen trabajo, buen servicio'. Se ampara la impunidad y la discriminación de las víctimas. No nos mueve el rencor. Lo que queremos es que esta gente imputada pase a la historia como un azote a los derechos humanos y no como padres de la democracia”, relató.

Manuel Blanco Chivite, integrante de la asociación de expresos y represaliados del franquismo, también tomó la palabra para explicar su propio caso, el de un condenado a pena de muerte en septiembre de 1975, como ejemplo de tantos otros, y para reclamar la anulación de las sentencias de los juicios sumarísimos.

Soledad Luque, como portavoz de la asociación de víctimas de bebés robados, señaló en su intervención que los delitos del franquismo “son delitos que no prescriben, como no prescribe el dolor de las víctimas.”

Óscar Blázquez, arqueólogo y miembro del Foro por la Memoria, intervino denunciando la situación surrealista que se da en la justicia española con respecto a la búsqueda de los desaparecidos por la dictadura. Tal y como él mismo explicaba “Cuando se encuentran los restos de un romano anónimo de más de 2.000 años, éste tiene mejores garantías legales, a través de la Ley de Patrimonio, que un desaparecido del franquismo”.

Víctor García, de la Plataforma contra la impunidad del franquismo, fue otro de los ponentes que para denunciar los crímenes de la dictadura recurrió a su propia experiencia: “Sufrí cinco detenciones, cuatro procesamientos y algo más de ocho años de prisión. La primera vez que me arrestaron fue en 1956. Iban a por mi padre, pero como yo me llamaba igual, dijeron aquello de “pues dos por uno”. La última vez que me detuvieron fue en diciembre de 1976. Hay que anular los juicios sumarísimos y las sentencias del TOC. Yo fui juzgado allí, y el presidente del mismo dijo que si por él fuera sacaba él mismo la pistola y nos mataba allí mismo. Así era. Tenemos que recuperar la memoria democrática, secuestrada por la dictadura, un secuestro aceptado por la transición”.

En nombre de la Asociación de Descendientes del Exilio Español intervino Elsa Osaba, quien pudo explicar la vida en el exilio para medio millón de personas que huyeron de la dictadura y se encontraron con la persecución y los campos de concentración. “Mis oídos conservan los relatos de las derrotas de la retirada. Mi abuela, mi madre, mis tíos sufrieron el exilio en Francia. Aprendí pronto los nombres de los campos de concentración que no fueron de acogida, como dicen los franceses. Francia se sonroja ahora: más de 14.000 españoles murieron en esos campos en sólo seis meses.”

Cecilio Gordillo, portavoz del colectivo de víctimas de trabajos forzados, utilizó su turno de palabra para denunciar una realidad que aún se guarda celosamente bajo siete llaves y que es la de todas las grandes constructoras que hicieron uso de presos políticos del franquismo, condenándolos a trabajos forzados, para conseguir sus jugosos beneficios. Tanto es así que como él mismo explicó a los asistentes “Esta faceta específica de la represión está sin resolver. A día de hoy al menos un 20% de las empresas del IBEX35 han tenido relación con los presos políticos en trabajos forzados durante el franquismo”.

Ángela Fernández, del colectivo de víctimas de los preventorios, fue la última en intervenir con el relato de su experiencia en el preventorio de Guadarrama. “El régimen entregó a Falange la gestión de los preventorios destinados a la prevención de enfermedades como la tuberculosis. Allí iban a parar los niños de familias muy pobres. En este de Guadarrama éramos niñas procedentes de la miseria y además de familias represaliadas, lo que significaba un horror más. Se practicaba tortura física y psicológica contra la infancia con la meta de erradicar cualquier pulsión de empatía con las ideas de nuestras familias. Nos querían horrorizadas, sumisas, subyugadas. Nos golpeaban, nos agredían. Se nos aplicaron tratamientos médicos que desconocemos cuáles son a día de hoy, tenemos serias dudas de que no se nos usara como conejillos de indias.”

Los testimonios que por primera vez llevaban la voz de las víctimas del franquismo a las paredes del congreso de los diputados son sólo una pequeña muestra del horror, sufrimiento y el genocidio que pilotó la dictadura franquista durante décadas, hasta después incluso de la muerte el dictador. Fue la lucha de cientos de miles de jóvenes y trabajadores bajo esas terribles condiciones lo que permitió que se conquistaran derechos que hoy de nuevo se nos tratan de arrebatar. La pelea incansable de los colectivos de víctimas con su movilización ha logrado que la querella argentina haya sentado en el banquillo a criminales y torturadores como Muñecas o Billy el Niño. Aunque aún no se haya logrado el reconocimiento de lo que verdaderamente sucedió, que se condene a los torturadores y asesinos que viven como personas respetables o la reparación para las víctimas, lo cierto es que esta lucha ha dado en los últimos meses pasos de gigante.

Desde el Sindicato de Estudiantes queremos reiterar todo nuestro apoyo a los diferentes colectivos de víctimas del franquismo. Tenemos claro que todo lo que se ha logrado para los trabajadores ha venido siempre de la mano de la movilización, muy particularmente de la suya. La movilización, que ha sido la clave para sacar adelante la querella, y será también la clave para lograr el fin de la impunidad de los crímenes del franquismo. En esa lucha continuaremos hasta lograrlo. El mayor homenaje que los jóvenes podemos hacer a aquella generación de luchadores incansables es continuar la lucha que ellos iniciaron.

¡No a la impunidad de los crímenes del franquismo!
¡Verdad, justicia y reparación para las víctimas!

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